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 published: 2009-06-19

A diez años del Jubileo del 31 de Mayo

Una irrupción del Espíritu: Bellavista 1999

 

Bellavista 1999

Bellavista 1999

Bellavista 1999

Bellavista 1999

 

Versprechen an Pater Kentenich

Compromiso con el Padre

Commitment with Father Kentenich

Versprechen an Pater Kentenich

 
Titelseite des Jubiläumsheftes  

Tapa de la revista jubilar

Cover of the jubilee magazine

Titelseite des Jubiläumsheftes

 
Octavio Vergara und María Luisa Anduela waren für die Organisation verantwortlich  

Octavio Vergara y María Luisa Andueza, estuvieron a la cabeza de la organización del Jubileo

Octavio Vergara and María Luisa Anduela were in charge of the organization

Octavio Vergara und María Luisa Anduela waren für die Organisation verantwortlich

Fotos: Octavio Galarce/Vinculo © 2009

 
   

CHILE, Evelyn Dixon. En 1999 se llevó a cabo la celebración del jubileo del tercer hito de la historia de Schoenstatt. El lugar escogido fue Bellavista, que se vistió de banderas, cantos y reflexión. Pero sobre todo de mucha alegría. Octavio Vergara y María Luisa Andueza, estuvieron a la cabeza de la organización del Jubileo.

La pasión con la que Octavio Vergara y María Luisa Andueza cuentan la experiencia vivida hace diez años hace imposible no querer retroceder el tiempo y ser testigo de lo que relatan. Es como si todo hubiese ocurrido ayer. Cada recuerdo lo tienen vividamente en sus cabezas pero sobre todo en sus corazones.

No era obvio que ellos fueran los que organizarían el encuentro. Todo lo contrario. En esa época, eran un matrimonio joven sin mucho conocimiento de Schoenstatt pero muy comprometidos: "Jamás se nos pasó por la cabeza que nosotros pidiésemos organizar algo así. No llevábamos más de dos años en el Movimiento. Hacernos cargo era imposible, no estábamos preparados. Teníamos la buena voluntad pero no el conocimiento, nos explica María Luisa.

Pero, como uno propone y Dios dispone, las cosas no salieron como ellos esperaban y se dieron cuenta que su ayuda era importante. El P. Mario Romero fue quien los impulsó a ser parte de este gran buque y ellos se unieron a él. María Luisa cuenta que todo fue porque "El P. Mario vio que nadie se hacia cargo de esto y dijo ‘ok, yo me hago cargo’ y cuando él dijo eso, nosotros nos unimos. Queríamos ayudar pero no nos sentíamos capaces pero hacer un equipo con tres personas es diferentes y dimos el vamos… fue muy providencial".

Voces del Espiritu Santo

De ese modo partieron dos años de intensa labor, donde debían preocuparse de cada detalle, coordinar los equipos de trabajo en las diferentes ramas, hacer contactos con el resto de la Familia en el mundo y abarcar todos los frentes de la organización. Todo para lograr que esto fuera un verdadero encuentro, donde el 31 de Mayo y el mensaje de nuestro Padre fundador llegara a cada participante.

Octavio cuenta que buscaban lograr varios objetivos: "Queríamos que esto realmente fuera una celebración con la irrupción del Espíritu, queríamos estar abiertos a que el Espíritu Santo soplara fuerte y nos diera luces para descubrir a qué estábamos llamados como Familia desde la misión del 31 de Mayo. Lo segundo era que queríamos que esta celebración fuera un encuentro de familia, abierto a todos. Y finalmente, que fuera una oportunidad que permitiera fortalecer los lazos". "Queríamos que la Pradera Soleada se hiciera realidad. Y eso lo pusimos al centro de todo nuestro trabajo, de los grupos, en todas partes…", enfatiza María Luisa. Se trabajó con varias comisiones donde ellos pudieron delegar responsabilidades y confiar en que esas decisiones eran también voces del Espíritu. Eso iba a permitir el enriquecimiento de toda la organización.

Pero la celebración de ese 31 de Mayo no sólo significó recordar un hito importante sino que fue una oportunidad que nos mostró al resto del mundo como una Familia madura. "Vinieron personas de 31 países a participar de este encuentro. Y eso fue un pequeño reconocimiento de que en nuestro país también se podían hacer cosas buenas y el 31 de Mayo fue ejemplo de eso", cuentan los Vergara Andueza.

Una de las cosas que recuerda el matrimonio, fue la gran carpa de alimentación donde todos comían con todos, compartiendo sus experiencias. Destacan el ambiente que se daba ahí. "Todas las comidas eran servidas por voluntarios, desde familias enteras hasta chiquillos jóvenes que impregnaban las comidas de alegría. Y eso llamaba mucho la atención de las personas que venían de afuera. Esa fue una de las cosas que ayudó a que se hablara que en Chile existía un Schoenstatt muy vital".

Otro momento que marcó a Octavio y María Luisa fue el mensaje enviado por el cardenal Angelo Sodano, que hacía un reconocimiento a la labor de Schoenstatt dentro de la Iglesia y del mensaje de nuestro Padre en la carta del 31 de Mayo: "Ese mensaje fue muy providencial y muy fuerte", comenta María Luisa.

Participar de una experiencia de Dios

Recuerdan que también los marcó una actividad abierta y que se hizo en un terreno abierto donde está el santuario de las Hermanas. Allí se instaló una carpa gigante, donde habían colocado graderías para la gran cantidad de personas que asistieron y se trajo una imagen del Mater enorme que se colocó a un costado del escenario con un montacargas. "Recuerdo ese momento en especial, cuando los jóvenes comenzaron a cantar el himno de Franz Reinisch con mucha fuerza… ese fue un momento que me marcó", recuerda Octavio. Además, destaca que todo lo que se vivió durante esos días marcó para siempre a nuestra Familia: "De la experiencia del jubileo 31 de Mayo, surgió una fuerza increíble. Nacieron muchas iniciativas y que hasta hoy marcan mucho. No creo que no haya nadie que pertenezca a Schoenstatt y que haya participado de esta celebración que no recuerde lo incríble que fue. Las Hermanas, los Padres, los jóvenes, todos tenemos esos días en el corazón".

Al mirar atrás y recordar lo vivido, el matrimonio Vergara Andueza sienten que tuvieron la posibilidad de participar de una experiencia de Dios, donde pudieron sentirlo de manera tangible. Pero lo vivido no es gratis. "Dios se regala de manera increíble pero también pide. Quienes pudieron atesorar esa experiencia, no sólo deben recordarla sino que dar gracias y actuar. Es ahí cuando las palabras del Padre Kentenich se hacen presentes. No hay que guardarse y apropiarse´de lo que se nos ha revelado… hay que llevarlo hacia fuera, al mundo".

Fuente: Revista Vínculo, Chile

 


 

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Last Update: 19.06.2009