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 published: 2009-02-12

Necesitaban oídos y corazones que estuvieran dispuestos a estar ahí, sin esperar nada a cambio

Misiones familiares en San Javier, Chile

 

Familien-Misiones in San Javier, Chile

Misiones Familiares en San Javier, Chile

Family Missions in San Javier, Chile

Familien-Misiones in San Javier, Chile

 

Die Misiones kommen in Fahrt...

Vehículo misionero

Missionary car

Die Misiones kommen in Fahrt...

 
Segen  

Bendición

Blessing

Segen

 
Prozession  

Procesión

Procession

Prozession

 
Dasein, zuhören, verstehen  

Encuentro

Sharing

Dasein, zuhören, verstehen

 
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En la ermita

At the wayside shrine

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Fotos: Paul Jonson, Andrés Ghiringhelli © 2009

 
 

CHILE, rcm. Nueve matrimonios y más de 90 jóvenes del Santuario de Los Pinos regresaron hace poco de las misiones familiares en San Javier, Chile.

Los preparativos comenzaron – con la recolección de alimentos en los supermercados – aproximadamente en octubre, con actividades en común con los misioneros que iban a Traiguén.

Los jóvenes que desean ir a las misiones deben manifestar su interés mediante un formulario y los matrimonios nuevos son invitados por los jefes, previa aprobación de la comunidad ya establecida.

Este año partieron nueve matrimonios a San Javier, acompañados por el P. Patricio Rodríguez. Los jóvenes viajaron en ómnibus desde Viña a San Javier, y llegaron aproximadamente a las 18.00 hrs. al Colegio San José donde se albergarían. Los esperaban sus padres. Luego fueron todos a la parroquia, donde el párroco los presentaría a la comunidad.

Misión puerta a puerta

Ese sábado y domingo se hizo una jornada interna para conocerse y organizarse para la tarea de la semana. Se hizo el reconocimiento del lugar y se conformaron las familias misioneras.

El lunes partió la misión externa, la que significó reencontrarse con muchas personas conocidas el año anterior y afianzar aun más los vínculos. Durante el día se hacía la misión puerta a puerta en los sectores asignados. Muchos los invitaban a ingresar a sus hogares y allí se producía un buen diálogo, así abrían su corazón y rezaban juntos al terminar la visita. En las tardes se desarrollaban talleres para niños, para jóvenes y para adultos. También se representó una obra de teatro dirigida a la familia, una merienda para niños, se hicieron visitas al hospital, a la cárcel y a un asilo de ancianos, además de entrevistas emitidas por la TV y la radio locales.

Forjar los vínculos

Por otro lado en la misión interna se seguían consolidando los vínculos y la convivencia. Una tarde se realizó un paseo a un lugar cercano, una noche se realizó una entretenida fiesta de disfraces y un campeonato de voleibol entre familias, es decir, actividades que los hicieron crecer, compartir y conocerse más mutuamente.

El sábado a la mañana se hizo una reunión de corazón abierto, en la que cada uno podía expresar libremente sus sentimientos y experiencias en estos días. Por la tarde cada comunidad había organizado una procesión desde su sector hasta la parroquia: con esto concluiría la misión. Allí se despidieron de las personas que los recibieron en sus hogares. Regresaron al colegio a preparar sus cosas para partir al día siguiente. También hicieron un juego nocturno en el que descubrirían a su "amigo secreto" (angelito secreto), que era la persona por la que habían rezado especialmente durante la semana y a la que le habían enviado más de algún regalo o saludo. El domingo 1º de febrero a las 11,30 el ómnibus inicio su viaje de regreso hacia Los Pinos y muchos partieron de vacaciones.

Mis primeras misiones familiares

Francisca González participó por primera vez en las misiones familiares. Cuenta su experiencia: "Las misiones familiares 2009 en San Javier son las primeras en las que participo y hoy, a días de haberlas vivido, me pregunto como no estuve antes en esto.

Cuando subí al ómnibus camino a San Javier estaba nerviosa, ya que no sabía con que me encontraría allá, no los conocía a todos y no sabía como nos iba a recibir la gente del lugar.

Es increíble como Dios y la Mater hicieron que desde el principio todo fuera maravilloso. A la entrada del colegio donde nos alojábamos y donde teníamos nuestros envíos y actividades internas, nos estaban esperando los papás que nos acogían en sus familias por esa semana. Al ver sus caras de alegría, esperándonos como si de verdad fuésemos sus hijos, supe que Dios haría de este lugar un verdadero pedazo de cielo.

Al día siguiente, ya con nuestro grupo con el que íbamos a misionar – del que yo conocía a muy pocos – fuimos a ver el sector que nos tocaba.

Estaba ansiosa, ya había iniciado la misión, quería encontrarme con muchos corazones que se abrieran a nuestra llegada, que quisieran compartir sus vidas con Cristo. Y así fue: la gente nos abrió las puertas de sus casas con una confianza total.

¿Cuántas veces damos las gracias por el día que estamos viviendo?

Me encontré con personas que habían vivido experiencias muy fuertes, los dolores más grandes de sus vidas y los querían compartir con nosotros, necesitaban oídos y corazones que estuvieran dispuestos a estar ahí sin esperar nada a cambio.

Fue tan gratificante ver como luego de cada visita la gente nos agradecía por haberlas escuchado, por haber pasado por su casa y entregarles un poco de nuestro tiempo.

En la misión externa hubo una cosa que me marcó mucho. Fue una señora que nos contaba que ella todos los días agradecía por un día más de vida, que no importaba como ella estuviera de salud, ni de situación económica, ni de estado de ánimo, ella agradecía porque Dios le había regalado un día más aquí en la tierra.

Después de esa casa, me di cuenta que la mayoría de las veces reclamamos por las cosas que no tenemos o por las que nos gustaría tener pero ¿cuántas veces damos las gracias por el día que estamos viviendo? ¿Cuántas veces agradecemos porque Dios nos dio la oportunidad de compartir un día más con nuestros seres queridos?

El rostro de Cristo en cada uno de ellos

Sobre lo que viví con los papás y los jóvenes misioneros, lo que primero que me viene a la mente es el rostro de Cristo en cada uno de ellos.

Fue así, cada día de la semana pude descubrir en ellos a ese Cristo vivo, que se quiere entregar a la misión.

Los matrimonios fueron un ejemplo claro de esto. Los vi tan empapados de la misión, igual que nosotros querían hacer y entregar lo mejor de ellos. Cada papá de nosotros durante la misión se preocupó de una manera especial, siempre muy atentos a nuestras reacciones, a lo que nos podía pasar. Estaban muy dispuestos a ayudarnos, a conversar con nosotros de lo que necesitáramos. Personalmente, tanto mis papás misioneros como naturales, son hoy para mi un claro ejemplo de la familia con la que sueño para mi vida. Ese complemento que nace en Dios y esa alegría de vivir como matrimonio en los brazos de María quedó grabado en mí.

Hoy sólo quiero dar gracias a Dios, como esa señora que misioné. Gracias porque hoy puedo contarle a mucha gente lo que es vivir esto, gracias por permitirme ver su rostro en el que sufre, en el que se alegra, en el que vive".

 


 

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Last Update: 12.02.2009