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 published: 2007-12-21

El Padre Hernán Alessandri

Lo que  el Padre Hernán  Alessandri era y significaba para la generación fundadora  chilena

 

Por Juan Enrique Coeymans

Hoy, día de Alianza, se fue al Schoenstatt eterno nuestro querido Padre Hernán Alessandri Morandé. Para los que no lo conocieron, que son los schoenstattianos más nuevos, él es uno de los jóvenes fundadores del Schoenstatt chileno, y a partir de ahora, posiblemente uno de nuestros primeros santos junto al siervo de Dios Mario Hiriart.

Formó parte del segundo grupo de la juventud masculina del Padre Ernesto Durán, el "Sicut Ventus", ideal que significaba "Como el viento", con el ímpetu arrollador del viento de Pentecostés, con la fuerza del Espíritu en el alma para transformar el mundo. La bandera de su grupo era roja con una orla negra bordeando los cuatro costados del emblema. Sangre y cruz, fuego y hierro de cruces negras.

De su vida hay innumerables enseñanzas, ejemplos e historias. Su rica personalidad no se abarca en unas líneas. Sólo quisiera recordar tres columnas de su alma:

Niño ante Dios y la Mater

Lo primero, niño ante Dios y la Mater. Un hermano de su grupo que acaba de morir, Hernán Montesinos, le puso "Mater" a nuestra Reina. Posiblemente les sonaba duro el hablar de la MTA como lo hacían los alemanes. Sin embargo, a ninguna persona he oído decir Mater con tanto cariño, con tanta ternura, con tanta convicción interior como al Padre Hernán. Había un no sé qué detrás de su ser niño chico ante Ella, que impresionaba. En sus cantos (compuso varios a pesar de que se decía que era un idiota musical por lo desafinado) se expresa el amor del Padre Hernán por nuestra Reina, un amor que se enraizaba en una honda filialidad ante el Padre Dios. "Por ti Virgen mía que no haría yo, porque vieras que te amo, como nadie te amó" decía un canto que simbolizaba mucho de su alma, así como ese antiguo canto compuesto por él, que hablaba "de las montañas y de los cerezos del Padre", en que toda la creación se mira y admira como obra de Dios Padre

Esa filialidad lo llevaba a vivir profundamente en las manos de la Divina Providencia y a esperar contra toda esperanza. Recuerdo una anécdota que se me contó en la intimidad y sobre la cual he guardado silencio. Ahora que el Padre Hernán está en la presencia de Dios, puedo contarla: un empresario exitoso e importante de Chile, llegó un día mucho más temprano que de costumbre a su oficina en su empresa. De hecho nadie había llegado todavía. Ni siquiera su secretaria. Se sentó, se concentró a pensar en las muchas cosas que tenía que hacer, y tuvo el repentino pensamiento: tengo ganas de poder hacerle un favor grande a alguien hoy día. No había terminado de pensar en eso, cuando se abre intempestivamente la puerta de su oficina y entra el Padre Hernán Alessandri y se pone a conversar con él. El Padre Hernán le contó de las penurias económicas que tenía en su fundación María Ayuda y que necesitaba urgentemente una cantidad respetable de dinero y si el le podría ayudar. Mi amigo le contó lo que había reflexionado casualmente antes que él entrara y le dijo: cuenta con lo que necesites. El Padre Hernán se puso a llorar como un niño chico de la emoción. Era no solo el alivio que su problema económico angustiante se solucionara, sino la profunda emoción que da saber que su fundación era querida por Dios y que el Dios de la Vida, el Dios Providente, le estaba ayudando a través de sus enviados, que somos nosotros simples mortales e instrumentos suyos. El Padre Hernán era un hijo lleno de fe en la Providencia Divina.

Una identificación profunda con Cristo, y Cristo crucificado

Lo segundo: una identificación profunda con Cristo, y Cristo crucificado. La filialidad no es la excusa para portarse como un niño malcriado, sino la ocasión para ser como el Señor, hijo del Padre. El ideal de su primer curso en la comunidad de los Padres Pallottinos era ser "Padres pelícanos", hacía referencia al pelícano, que según la leyenda se rompía el pecho para dar con su sangre de comer a sus polluelos: imagen de Cristo que desde su costado abierto nos alimenta con su sangre. La hermosa canción compuesta por él, según la tradición de Bellavista, llamada Padres de un Reino Nuevo, habla de su alma cristocéntrica, llena de amor a Cristo y a María. Decía en una parte esa canción: "subamos a ser otros Cristos, que encuentren su fecundidad en cruz que por amor a Ella, se hará cruz de paternidad…"

El ideal de su curso definitivo en la comunidad de los Padres de Schoenstatt fue ser "Vinctus pastoris", "encadenados al Pastor", y habla también de su amor y su vinculación a Cristo sacerdote, a Cristo Pastor. Solo en unidad a Él, en íntima comunión de amor a Cristo se puede ser otro Cristo.

La cruz larga y dolorosa de su enfermedad, que mató el tesoro inmenso de la inteligencia que Dios le había dado, dejándolo inerte por años, simboliza más que nada, ese estar atado al Pastor en lo más hondo que es la cruz, y ese subir a la cruz y hacer fecundo todo lo que el Padre Dios y la Mater le pidieron hacer en su vida: sus fundaciones florecieron como nunca durante su enfermedad. Subió a la cruz y se hizo otro Cristo.

Su inteligente pasión por el mundo de Schoenstatt

Finalmente lo tercero: su inteligente pasión por el mundo de Schoenstatt. Tenía la convicción interior que la Obra de Schoenstatt era una obra para los siglos futuros a fin de enriquecer la Iglesia con santos, con vida, con familias nuevas y hombres nuevos, hombres para el tiempo futuro, libres, recios y sacerdotales en sentido estricto y en sentido amplio. A esa Obra le entregó su vida. Don Jaime Eyzaguirre, el famoso y gran historiador y profesor de Derecho, me dijo que el Padre Hernán había sido, junto a otro compañero suyo, Víctor Fontaine, los alumnos más brillantes que él jamás tuviera en sus decenas de años como profesor universitario. Ese brillante futuro abogado, posiblemente ese probable futuro presidente de Chile, dejó todo por la Obra de Schoenstatt. Se entregó por entero y no se perdonó nada a sí mismo, por construir a partir de su propia entrega y sangre, lo que veía como Obra de Dios para nuestro tiempo. Cuando hablaba de nuestro Fundador o de las ideas de nuestro Fundador, cuando se entusiasmaba por el 31 de Mayo y la construcción de un mundo donde se piense, ame y viva orgánicamente, como le brillaban los ojos. Hablar de Schoenstatt o del Fundador para el Padre Hernán era hablar con su inteligencia inmensa y profunda, pero también con el corazón. Era su alma. Logró una síntesis maravillosa entre la cabeza y el corazón para entender y proclamar Schoenstatt.

Las obras de Dios y de la Mater realizados por él

Finalmente, quisiera referirme a tres grandes realizaciones que Dios y la Mater hicieron a través de él y que lo trascienden en el tiempo:

  1. La Fundación María Ayuda, al rescate de las niñas abandonadas y con pobreza familiar, que ha seguido creciendo y ha realizado una tarea humanizadora extraordinaria.
  2. Las Misiones Familiares, que cada año lleva a más de mil personas a terreno en los veranos y es una de las experiencias más hermosas de evangelización conjunta de padres e hijos, y de las cuales derivaron después las Misiones Universitarias y al final la gran Misión País, que ha despertado una nueva corriente misionera en la Iglesia chilena.
  3. Y tercero, su labor silenciosa y oculta en la redacción de numerosos documentos del Episcopado chileno y latinoamericano, entre ellos Evangelio, Política y Socialismo, que es uno de los mas serios planteamientos de la Iglesia universal sobre el marxismo, escrito durante el episcopado del querido e inolvidable cardenal Silva Henriquez. Así mismo, todo lo que ayudó a la redacción del Documento Final de Puebla, de la III Conferencia General del CELAM el año 1979, en que su mano se nota a cada paso. Muchos en la Iglesia dicen que después de los documentos del Vaticano II, el Documento de Puebla es posiblemente el documento magisterial mas sólido e importante de la Iglesia del siglo XX. Pues bien, ahí, tomado de la mano de la Mater y lleno del Espíritu Santo, estuvo el Padre Hernán.

Ahora, tuvo su Pascua larga y ha pasado de esta vida a la vida plena en Dios. Para la generación fundadora chilena, parte uno de los mas queridos y valiosos hermanos. Mucho del alma de Bellavista, que a nuestro Fundador lo alegraba tanto, se debe a su amor y entrega incondicional. Cuando nuestro Fundador afirmaba que el se iba al destierro tranquilo porque desde Chile podría refundarse todo si se viniera abajo lo hecho hasta ese momento, estaba pensando en el Padre Hernán, y en la primera Legión Chilena.

Sin adelantarnos al juicio de la Iglesia, tenemos la intuición creyente que el Padre Hernán será el primer beato y santo de la generación fundadora sacerdotal chilena.

"La primera Legión fue la más victoriosa,
acallar nadie pudo su cantar de esperanza,
ni prisión ni destierro, ni la sangre ni el fuego,
ni el morir con la muerte, que sellara su alianza"
"Todo, todo lo dieron,
por cumplir su misión"

 

 

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Last Update: 21.12.2007