Schönstatt - Begegnungen

Rosita Ciola: Testimonio sobre el Padre José Kentenich

Jubileo del Santuario del Padre, 13 de octubre de 2002-10-15

Rosita Ciola durante su testimonio, 13 de octubre (2░ de iz.).
Rosita Ciola during her testimony on October 13 (second from left)
Rosita Ciola während ihres Zeugnisses am 13. Oktober (2. v.l.)
Foto: Ana Riquelo © 2002
Con la Auxiliar de los ciegos.
With the Auxiliary of the blind people.
Mit der Auxiliar der Blinden.
Foto: Badano © 2002
DOCUMENTACIÓN

Yo conocí el Movimiento en el año 92, a través de la Campaña del Santo Rosario; a partir de ese momento siempre asistí a los talleres de formación y a las charlas que ofrecía la Campaña. Allí fue donde conocí al Padre José Kentenich.

Cuando por primera vez vi una foto de él, más precisamente un cuadro, lo que más me impactó fue su mirada. Cada vez que llegaba  al Santuario él estaba allí esperándome, como queriéndome decir algo. También me atrajo su sonrisa, reflejo de una gran ternura, esa mirada y esa sonrisa hacían que me sintiera bien, como en mi casa, me gustaba contemplarlo.

Después de un tiempo de visitar el Santuario, ya había sellado mi Alianza de Amor, me invitaron a participar de unos talleres de preparación para  la Alianza Filial. En esos encuentros comencé a bucear en la vida del Padre, a conocer sus pensamientos, a enterarme de las delicadezas que solía tener con la gente, a escuchar de su buen humor, a conocer más profundamente su obra.

Él fue despertando en mí una gran admiración. Su carácter me revelaba una gran firmeza para hacer lo que debía y una gran ternura en el trato cotidiano con las personas que solían acercarse a él.

Su amor a la libertad llegó al fondo de mi alma, me impactó muchísimo verlo capaz de sentirse libre aún viviendo en un campo de concentración, donde lo usual es que los prisioneros se sientan ultrajados,  despersonalizados, humillados, en donde la libertad representa sólo un anhelo inalcanzable.

Su fortaleza y su alegría frente al dolor y la injusticia, demostraban una gran confianza vivida en grado heroico y un abandono total en ese Padre Misericordioso que nunca le retiró su Mano, esa convicción y ese abandono fueron los motores principales que lo impulsaron a dar cada día un salto mortal tras otro con la certeza de que  "todo estaba en el plan". Su actitud de vida fue un gran ejemplo para su Familia y para quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo, siempre lo vieron de pie, firme y sereno para el combate.

El Padre, sin duda, fue un gran pedagogo que supo atraer la atención de los jóvenes y les propuso una nueva forma de educación , muy diferente a la que ellos estaban acostumbrados a recibir en aquella época. Su propuesta se basó fundamentalmente en la libertad y la responsabilidad.  Y así, caminando siempre de la mano de María, invitó a muchos jóvenes a cambiar su forma de vida y a comprometerse con Dios y con el mundo.

Su admirable visión profética le permitió no detener su marcha aunque su trabajo no fuera comprendido y aceptado. Así, en su amor y entrega a la Mater encontré una respuesta que me hizo comprender mejor su vida y su obra. Su gran "autoridad", basada en el amor y el respeto totalmente opuesta al autoritarismo me llevó a sentir que para nosotros,  padres y madres de familia el Padre es un verdadero Referente.

Estos aspectos: La firmeza y ternura de su carácter, su amor a la libertad, su fortaleza y alegría en el dolor, su audacia, su visión profética, su carisma como pedagogo, su autoridad, calaron hondo en mi corazón y así mi admiración y mi amor fueron aumentando a pasos agigantados. Pero aún no me sentía vinculada a él, no lograba sentirme su hija.

Sin embargo, siempre me impactó ver como Don Joao vivía totalmente unido a la persona y a la misión del Padre. Esto comenzó a dar vueltas en mi cabeza y pensaba por qué Don Joao se sentía su pequeño alumnito, por qué le daba cuentas de todo cuanto hacía, por qué permanecía tan vinculado a él. Todo lo fui rumiando y rezando con la mirada puesta en la vida de Don Joao y así fui descubriendo que también mi misión estaba muy unida y comprometida con la misión del Padre, porque comprendí que la Campaña del Santo Rosario también es obra del Padre Kentenich por haber sido soñada y bendecida por él.

Don Joao fue sin dudas el puente vivo que me lanzó en los brazos del Padre Kentenich; comprendí que además de ser su pequeño alumnito era por sobre todas las cosas su hijo obediente y fiel.

A partir de allí comencé a sentir un gran cambio en mi interior. La fuerza de la Alianza Filial y el amor de Don Joao me ayudaron a ir vinculándome cada día más con nuestro querido  Padre  Fundador. Cuanto más pasa el tiempo, ese espíritu filial se acrecienta, se fortalece y voy sintiendo el deseo y la necesidad de encarnar sus actitudes, de pensar como él, de sentir como él, de amar como él.

Hoy el Padre José Kentenich es para mí un padre que me ama, me guía, me escucha, me consuela, me bendice cada día, me extiende sus brazos y me toma de su mano para confiarme a la Mater seguro de que Ella me conducirá al corazón de Dios Trino.

En este último tiempo y por diversas circunstancias de mi vida familiar he tenido que recurrir a él muchas veces buscándolo como padre, como consejero, como guía y esto me permitió sentirme segura, acompañada y hasta audaz en el momento de tomar decisiones importantes para mi familia. En este preciso momento,  estoy atravesando una situación muy particular y difícil, pero la vivo con  mucha paz y comprendo que aunque la cruz muchas veces duela o se torne pesada es la que el Padre Misericordioso ha elegido para mí y es la que debo cargar para subir al cielo. Esto me lo enseñó con su ejemplo nuestro querido Padre José; es por eso que no me desaniman ni detienen las renuncias, las privaciones, el temor a lo desconocido, los desprendimientos ni aún los afectivos, justamente porque encontré en el Padre una respuesta, vi un camino, mi camino, en el que él me precedió. Esto me dio mucha fuerza y me hizo pensar que nada de lo que deba arriesgar, sufrir o entregar por mi familia es ajeno a su vida. Siento que el 20/1/42, cuando el Padre Kentenich decidió entregar su libertad por el bien de su Familia, también lo hizo por mí. Por eso, como hija, me siento impulsada a seguir sus huellas desde mi vida personal y familiar con una gran confianza,  tal como él lo hizo, con una entrega generosa a los deseos y al querer de Dios y con un amor de hija pequeña que me impulsa a abandonarme  en los brazos de la Mater.

Aquí estoy Padre, soy tu hija, una hija inquieta y rebelde que un día llegó al Santuario de Ballester sin saber que ese lugar es el taller donde la Mater modela al hombre viejo para transformarlo y educarlo. Allí anclé mi vida y allí permaneceré para siempre, unida espiritualmente a ese terruño santo desde cualquier lugar del planeta para seguir creciendo y fortaleciéndome y para recibir las gracias que la Madre quiera seguir regalándome.

Gracias Padre José Kentenich por elegirme como hija, por quererme tanto, por enseñarme con tu ejemplo a transitar la vida cara a Dios  y por regalarme esta gran Familia a la que hoy pertenezco y a la que tanto amo.



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Last Update: 16.10.2002 11:11 Mail: Editor /Webmaster
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