Schönstatt - Begegnungen


Es una opción radical y por tu Reino

Oración al Padre Dios, de los padres de una novicia, 18 de Noviembre, 2000

Padre nuestro, Padre de cada uno de nosotros que estamos acompañando a nuestras hijas en esta hora solemne.

Esta es la hora del salto de la fe. De la apuesta por el infinito. De la conciencia de la propia pequeñez, y por tanto, de un agradecimiento que, aunque comenzó balbuciente, quiere apoyarse en Ti, la Roca que no puede fallar, para hacerse magnánimo, ancho y profundo: con ese corazón grande, y con esa anchura y profundidad que sólo Tú puedes prestar.

Venimos a agradecerte que nos hayes elegido para ser sus padres

En ese espíritu, y en primer lugar, venimos a agradecerte que nos hayas elegido para ser sus padres. El hombre siempre debe agradecerte cuando lo invitas a compartir tu obra creadora. Pero debe hacerlo de un modo muy especial cuando lo invitas a crear vida autónoma. Nuestras hijas son el fruto de nuestro amor: fueron engendradas, gestadas y criadas por ese mismo amor, y por tanto, con vistas a que un día llegarían a ser autónomas. Pero lo que ocurre es que ellas adquieren hoy, plenamente, su esperada autonomía respecto de nosotros. Nuestra función educadora, si bien no concluye, al menos sufre una mutación tal que, a partir de hoy, podemos decir con el Bautista: "Conviene que ellas crezcan y que nosotros disminuyamos". Y te pedimos, porque somos débiles, que podamos vivir esto como una coronación, como la corona de gloria de nuestra pobre cooperación con tu brazo poderoso, y no, ciertamente, como una pérdida.

Como Moisés ante la Zarza Ardiente

En segundo lugar, queremos agradecerte porque el paso que hoy dan nuestras hijas no es un paso común. Es una opción radical y por tu Reino, dada a la vez en la oscuridad y en la luz de la fe. Singular entrega de la que hemos sido hechos partícipes por pura gracia. Y porque somos débiles, te pedimos que abras nuestro corazón para ser, al menos, tan generosos como ellas.

En tercer lugar, sabemos que nuestras hijas se unen hoy, por un vínculo sagrado, a un Esposo que no les puede fallar, a un Amor indefectible. Que sepamos abrir nuestro corazón a la Familia Trinitaria a la que hoy somos incorporados, ciertamente que no por mérito nuestro, sino por la opción de ellas, y a través de ellas. Misterio cuyo fondo nuestros ojos no alcanzan a ver, pero que ahí está, delante nuestro, luminoso y fascinante.

Y por último, te agradecemos que hayas llamado a nuestras hijas en Schoenstatt, para que en los brazos de la Madre Tres Veces Admirable, sean partícipes de la herencia y la misión de nuestro padre José Kentenich, y se consagren a ellas con corazón valiente y generoso, para llevar la Iglesia hacia las Nuevas playas que sus ojos penetrantes de profeta pudieron avistar.

Temblando, como Moisés ante la Zarza Ardiente, nos descalzamos y besamos esta tierra santa de Nuevo Schoenstatt, de este Schoenstatt en el "Continente de la Esperanza". Y profundamente emocionados, decimos como en la canción: "Si Tú nos preguntaras quiénes somos, no diríamos nuestro nombre. Sólo diríamos "Somos gracias", ahora y por siempre. Gracias Padre, ... gracias Señor, ... gracias, Amor.

 



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