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El alma de la nueva Europa

La Exhortación Apostólica "Ecclesia in Europa" de Juan Pablo II y el aporte de los Movimientos a una Europa que busca su identidad

P. Alberto Eronti, Rom

Altötting

 
 

Lourdes

 
 

Schönstatt

 
 

Kevelaer

 

Valle di Pompei

 
 

Walsingham

 

Fotos: © 2003

 
 

Einsiedeln

 
 

Fatima

 
 

Lourdes

 
 

Schönstatt

 
 

Walsingham

 

Mariazell

 
 

Chestoskova

 

Fotos: © 2003

En los últimos meses el Papa Juan Pablo II ha privilegiado nítidamente tres temas, sin por ello dejar de lado otros asuntos importantes de la vida de la Iglesia y del mundo: la paz, Europa y la experiencia de Dios como amor, misericordia, perdón, vida, paz, felicidad. Dada mi tarea en relación con los Movimientos y Nuevas Comunidades, el tema en el cual más he debido profundizar es Europa. En este sentido lo que más ocupó al Papa y a sus colaboradores es la Constitución de la Unión Europea y la referencia a Dios y/o al cristianismo en la misma. Se trata, en el pensar del Santo Padre, de ser fieles a las "fuerzas que dieron origen" a la "vieja Europa". Con sus luces y sombras, el cristianismo determinó la identidad de lo que llamamos Occidente. La pregunta recurrente es: ¿por qué el persistente rechazo de la mayor parte de los países europeos a que se nombre a Dios y/o al cristianismo? Para cualquiera que conozca un mínimo de historia, esta negación es difícil de comprender, sobre todo porque niega un hecho histórico absolutamente real. Tras una gran cantidad de diálogos y lecturas he llegado a tres conclusiones que explican esta postura.

La historia de la vieja Europa: hacer de la política religión y de la religión política

La historia de Europa está signada por Constantino, que reconoce al cristianismo como la "religión oficial" del Imperio, y por la Iglesia, particularmente por San Benito y sus comunidades monásticas. Con el correr de los siglos se dan dos fenómenos en la Iglesia: ruptura con la Europa Oriental y el papado como poder religioso, político y económico. Pues bien, esta parte última de la historia – cosa que me sorprendió enormemente – tiene todavía hoy un peso enorme en el pensar y sentir de muchos lideres europeos, en particular los de pensamiento social demócrata o de "izquierdas". Dicho de otra manera, la Iglesia "paga" hoy haber hecho de la política religión y de la religión política. Es notable constatar cómo se utilizan argumentos del pasado, olvidando que la Iglesia actual tiene otro rumbo y otra postura ante la sociedad y el mundo. En este sentido, no deja de ser sugestivo el "retorno" de algunos documentos de los últimos Papas, desde León XIII a Paulo VI, incluyendo al actual Pontífice. "Pacem in terris", "Ecclesiam suam", "Evangelii nuntiandi" y los discursos de apertura y cierre de la segunda sección del Concilio Vaticano II, por nombrar algunos. La novedad del lenguaje y del contenido de estos textos parecen pasar desapercibidos por buena parte de la dirigencia de la Unión Europea. No advierten que se trata de "otra" Iglesia, la que el Padre Kentenich llamara "de las nuevas playas" y Pablo VI "servidora del mundo y del hombre".

El pensar secularista e inorgánico

El pensar secularista e inorgánico ha penetrado el mundo entero y tiene su epicentro en Occidente. El secularismo se siente y se vive muy fuertemente en la "nueva Europa". La Exhortación Apostólica ""Ecclesia in Europa", de Juan Pablo II, hace referencia a lo que el secularismo ha producido en el pensar, vivir y sentir de Europa: "…la pérdida de la memoria y de la herencia cristiana…, una especie de agnosticismo práctico y de indiferencia religiosa", "…un cierto miedo de afrontar el futuro…, el vacío interior…y la pérdida del sentido de la vida…, la resistencia, cuando no el rechazo, a tomar decisiones definitivas de vida". "La cultura europea (actual) da la impresión de ser una apostasía silenciosa de Dios por parte del hombre autosuficiente que vive como si Dios no existiera". "El olvido de Dios condujo al olvido del hombre". ¿El resultado?, la pérdida de la esperanza y la difusa fragmentación de la existencia.

La falta de una pastoral coordinada

La incapacidad de las Iglesias locales para pasar de los documentos y declaraciones a la vida y a una pastoral coordinada, de acentos estratégicos comunes. Se trata de lo que el Padre Kentenich tomara de Pallotti: la coordinación de todas las fuerzas apostólicas de la Iglesia. Si la separación de fe y vida es un drama, también lo es la incapacidad de pasar los documentos a planes pastorales ocurrentes, simples, concretos. Si sólo observo la Diócesis de Roma, junto a una historia formidable de fe y entrega, hoy vemos una Iglesia aferrada a sus tradiciones, a costumbres que poco o nada dicen al hombre actual. Da la sensación que se da un paralelismo entre la Iglesia y la sociedad a la que está llamada a servir. Millones de peregrinos y turistas llegan cada año a esta urbe, pero no se percibe una pastoral adecuada a ellos. Solo Juan Pablo II ha sido y es el "alterador" que sacude, indica, exhorta, clama…, pero ¿quién interpreta pastoralmente a este Papa incansable?

De una Europa cristiana a una Europa "económica"

La "vieja Europa" nació de raíces cristianas. Es decir, una fe cargada de valores e ideales nutrió la civilización que surgió tras la caída del imperio romano. La "nueva Europa", nace tras dos guerras que, sumando los múltiples conflictos nacionales, la demolieron. Es esto lo que da origen a la llamada "Unión Económica Europea": la necesidad económica. Si la otra fue la Europa nacida de la fe cristiana, ésta nace como "una Europa de mercaderes". Si la otra tenía valores e ideales, ésta tiene intereses económicos y políticos. Si la otra tenía una dimensión trascendente del hombre y del mundo, ésta se funda en la necesidad práctica de evitar conflictos y asegurar el desarrollo de la economía y el bienestar fundado en lo efímero, en lo frágil. Una Europa así, a la larga, no llena al hombre, no lo colma.

Si Europa quiere ser de verdad comunidad, la Iglesia tiene qué ofrecerle

En este contexto, la Exhortación Apostólica tiene una afirmación central formidable: "En la Asamblea sinodal se ha consolidado la certeza clara y apasionada, de que la Iglesia ha de ofrecer a Europa el bien más precioso y que nadie más puede darle: la fe en Jesucristo… Sí, después de veinte siglos, la Iglesia se presenta al principio del tercer milenio con el mismo anuncio de siempre, que es su único tesoro: Jesucristo…" (EE. 18). Y en el apartado n° 20, hace referencia a que "Jesucristo es nuestra esperanza porque revela el misterio de la Trinidad". ¿Qué significa esta afirmación? Que tanto la Europa "nueva", como la "vieja", tienen la misma necesidad y la Iglesia la puede colmar: Si Europa quiere ser de verdad comunidad, la Iglesia tiene qué ofrecerle. "La Trinidad es la mejor comunidad", reza el título de un libro. La Trinidad es la comunidad primigenia, modelo de toda comunidad-familia que es y ha de ser más la propia Iglesia, y que la "nueva" Europa necesita si no quiere fragmentarse en el futuro. El problema de la "nueva" Europa es su alma. ¿Quién le puede insuflar el hálito de vida que la haga comunidad, familia? El Padre Kentenich, en su visión de la realidad y del futuro, quería que Schoenstatt potenciara el "alma" de la Iglesia, para que la Iglesia fuera "alma" del mundo. Con percepción profética vio con total nitidez que la debilidad estaba en lo pedagógico, en lo pastoral. Su visión de la Iglesia y la sociedad la expresó con palabras y símbolos, llenas de contenido vital, "Jardín de María", "Iglesia de las nuevas playas", "…aquella tierra cálida y familiar…" En este contexto me pregunto si el futuro "Centro Internacional de Schoenstatt" en Roma, no es sino una iniciativa de María en función de esta "nueva" Europa, que se ha centrado tanto en lo material que ha olvidado su alma. En este contexto me pregunto si la celebración del centenario de la fundación de Schoenstatt no nos está señalando un punto de futuro: 18 de octubre de 2014. Esta fecha y la "Visión de la Candelaria", debieran formar una unidad que nos orienten hacia "la ciudad de los Papas", el corazón físico de la Iglesia y hacia el desafío de construir con y desde la Iglesia una "Europa familia", en vez de una "Comunidad Económica". Entre lo uno y lo otro la diferencia es abismal.

"El aporte de María a la nueva Europa".

En el próximo encuentro de los Movimientos, previsto para el 8 noviembre, el tema a desarrollar es: "El aporte de María a la nueva Europa". A lo largo de estas semanas he reflexionado sobre la presentación que deberá hacer Schoenstatt. Como el tiempo que se da a cada Movimiento no es mucho, he pensado en un aporte nuclear que se base en nuestra experiencia y que esté en consonancia con la historia de la Iglesia de Europa. Así me he centrado en estas palabras del Padre Kentenich: "A la sombra del Santuario se ayudará a co-decidir el destino de la Iglesia para los próximos siglos". La pregunta es cuánto más se puede extender esta afirmación. Partiendo de la base que la Iglesia es la Familia de Dios en medio de las naciones, podemos también afirmar que si para el Fundador de Schoenstatt los Santuarios desempeñarán un gran protagonismo para la Iglesia, también lo serán para la comunidad de los pueblos.

El cosmos de Santuarios

El Padre Kentenich imaginó una estrategia que formuló así: "crear un cosmos de Santuarios". Cada Santuario de Schoenstatt es, según él mismo lo expresa, "la acción apostólica más grande". Lo es porque se trata de inducir a María a "establecer" en ellos "su trono de gracias" y, desde ellos, acoger, educar y enviar a sus hijos. Esta "estrategia" no es sino asumir una de las experiencias más ricas de la historia de la Iglesia y potenciarla en función de los nuevos tiempos. ¿Podemos imaginar la Iglesia Europea sin ese "cosmos" de Santuarios marianos dispersos por toda su geografía?. ¿Podemos imaginar, para citar algunos, a Polonia sin Chestoskova, a España sin Covadonga, a Francia sin Lourdes o a Portugal sin Fátima?. Creo que precisamente aquí está uno de los aportes de Schoenstatt a la Iglesia en función de la "nueva" Europa. Tenemos una estrategia pastoral que hace de los Santuarios su fuente. Lo que el Padre Kentenich afirmó para los Santuarios de Schoenstatt nos orienta para incorporar conscientemente a todos los Santuarios marianos a ese "cosmos" que, en su visión de futuro, ayudaría "esencialmente" a co-decidir los destinos de la Iglesia y de los pueblos. Los Santuarios no han sido históricamente meros lugares de devoción, sino verdaderos lugares emblemáticos del Evangelio y de los pueblos. No se puede hablar de identidad polaca sin nombrar el Santuario de Chestoskova. No se puede hablar de la liberación de España por Carlos Martel, sin citar a Covadonga. No se puede hablar de la "vieja" Europa sin citar el cosmos de Santuarios marianos que colman su geografía. Por eso, no queremos hablar de la "nueva" Europa sin hablar de María.

Cuando todos los Santuarios Marianos de Europa se unan en una pastoral coordinada...

A veces sueño que los cientos de Santuarios Marianos se relacionan, que desarrollan una pastoral coordinada, luminosa, atractiva y profundamente evangelizadora. Sueño con el aporte de Schoenstatt a la identidad cristiana, y por lo tanto también mariana, de la "nueva" Europa. Lo sueño ayudando a crear un inmenso "cosmos de Santuarios Marianos" en y desde los cuales "la Palabra se haga carne", vida de la vida de los pueblos de Europa y más allá… Esto sería una maravillosa concreción de la "coordinación de todas las fuerzas apostólicas", que imaginaba Vicente Pallotti, una realización concreta de la Confederación Apostólica Universal. María, que alumbró al Hijo de Dios hecho hombre, que con el Espíritu co-alumbró a la Iglesia en el Cenáculo, podría alumbrar al "hombre nuevo" para la "nueva Europa" vertebrándola en y para Cristo desde sus Santuarios.

Chiara Lubich: "la gracia tan particular de Schoenstatt, al tener un lugar de gracias y la certeza de que María está y actúa ahí y desde ahí".

La fundadora del Movimiento de los Focolares, Chiara Lubich, comentando la espiritualidad de Schoenstatt hacía referencia a "la gracia tan particular de Schoenstatt, al tener un lugar de gracias y la certeza de que María está y actúa ahí y desde ahí". ¿Es ésta una voz de Dios? ¿No será éste uno de los desafíos de la Familia de Schoenstatt visualizando los cien años de su fundación? ¿No será ésta una de las tareas luminosas del futuro Santuario Matri Ecclesiae, en Roma?. Imagino que el primer centenario de Schoenstatt nos desafía a profundizar el primer hito de nuestra historia: La luz divina de la fe. Esto supone revivir y ahondar "en las fuerzas que nos dieron origen": la Alianza de Amor con María y la santidad como prueba suprema de amor. Europa revive antiguas herejías y alumbra otras nuevas en la vida práctica de sus pueblos, en gran San Bernardo le vuelve a decir a María, mirando a Europa: "Tú sola venciste todas las herejías", nosotros lo repetimos con fe…

 


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Last Update: 12.09.2003 Mail: Editor /Webmaster
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